Familia y Sucesión en la Empresa

FAMILIA Y SUCESIÓN
EN LA EMPRESA

Pedro tiene 60 años, su vida ha transcurrido al frente de la Empresa, trabajando activamente en la Dirección y Gestión de la misma.

De sus tres hijos, únicamente uno se quedó en el Negocio Familiar, los otros dos volaron y siguieron caminos diferentes.

“A esta edad, y todavía no está resuelto el dilema de esta Empresa, no sé que cómo solventaremos el problema de la sucesión, con el trabajo que me ha costado llegar hasta aquí y construir esta Empresa”. Carmen, su esposa, le escucha atentamente, pues sabe que ésta muy preocupado.

El problema es el siguiente: de los tres hijos que tienen, el mayor, que estudió Ingeniería, se colocó en una Multinacional, y trabaja actualmente en Estados Unidos, y no va a venir aquí, la pequeña, tiene su especialidad de Médico en la Seguridad Social, y no tiene ninguna necesidad de seguir con el Negocio.

Fernando, el intermedio, se ha quedado en los negocios paternos, nadie sabe si por necesidad o por qué raón, ya que era un brillante estudiante de Derecho, que al fracasar en las Oposiciones a Judicaturas, las abandonó, tras suspender en la primera convocatoria, quedando completamente desmoraliado, tras tres años, de intenso estudio.

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Su padre, al ver la penosa situación en que se había quedado, no tuvo más remedio que abrirle camino en las empresas familiares.

La situación, es que pasados los años, se casó, formó su propia familia y sigue igual: ha perdido al ilusión por todo, gestiona la realidad empresarial de los negocios familiares pero sin asumir una visión global de los mismos, ya que ni asume responsabilidades, que como futuro Gestor Empresarial debería desempeñar, ni muestra interés alguno.

Pedro, descoraonado, y a la ve, con relativa frustración, se plantea: “El caso es que experiencia sí que tiene” piensa éste, “Voy a tenerme que morir con las botas y el mono puesto”.

Su esposa, harta de tanto monólogo, le espeta “No me des la lata y busca soluciones, si es que puedes encontrarlas”, “¿Qué podemos hacer?” se pregunta el angustiado padre.

“El problema de nuestro hijo no es cuestión de madure, sino de compromiso, capacidad teórica le sobra, pero le falta ambición e ilusión, y los negocios requieren ese plus añadido de imaginación y aspiraciones de futuro, sin los cuales la monotonía acaba por ahogarlos”.

Carmen, irritada por el soliloquio que ha oído tantas veces, le dice: “déjate de disquisiciones teóricas, vendamos las Empresas y dediquémonos a los nietos” a lo que el empresario se niega en rotundo, antes de vender sus negocios, Pedro se moriría de pena.

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La cuestión es la capacidad de gestión por parte del sucesor, la cual se pone en evidencia claramente, de forma diaria, pero, ¿Qué piensa éste?

La respuesta es sencilla: que su padre lo anula, que no le deja espacio para desarrollarse, que no puede tomar iniciativas, y que por tanto es mejor, que las cosas continúen como están, al fin y al cabo, él está bien pagado y no tiene por qué darse mal, ya que es únicamente un administrativo.

Su capacidad de decisión se encuentra completamente limitada, según él, porque su padre le impide moverse. La comunicación entre padre e hijo a nivel empresarial, es escasa, y a nivel familiar, como consecuencia de determinados roces y fricciones familiares en el ámbito diario, se ha deteriorado.

Los padres orientaron hacia diversos estudios a los hijos restantes, la hija sí que tiene capacidad para gestionar los Hoteles, Restaurantes y Gasolineras, tiene iniciativa, simpatía, buenas ideas pero reside fuera y su vida está completamente organiada en otro ámbito.

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El otro hijo reside en Estados Unidos. A ninguno de los dos les interesa hacerse cargo de los negocios familiares.

¿Qué se puede hacer ante tanto desatino?

• La solución podría pasar por una Gerencia Profesional, hasta que uno de los nietos o bisnietos pudiera hacerse cargo de las Empresas.

• Para ello, podría constituirse un Fideicomiso que fuese mantenido el tiempo necesario, hasta que el sucesor, de entre los nombrados por el empresario, se hiciese cargo de las Empresas.

• Se constituirían dos Sociedades, una propietaria de los inmuebles objeto del fideicomiso, en régimen de transparencia fiscal, y una segunda Sociedad que gestionase las actividades industriales.

• Si fiscalmente la reorganiación está bien hecha, la misma sería neutra desde el punto de vista impositivo, y debería esperarse hasta que algún nieto retomase el poder de Dirección Empresarial.

¿Qué es un Fideicomiso?

Es un Contrato por el cual, una persona transmite a otra la propiedad de ciertos bienes, y obligándose el que los recibe a administrarlos bien y fielmente por cierto tiempo, al cabo del cual, debe entregarlos a la persona indicada en el contrato, y puede ser establecido mediante Contrato Privado o Testamento.

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