La Obstrucción Grave y Reiterada de las Visitas

LA OBSTRUCCIÓN GRAVE
Y REITERADA DE LAS VISITAS

Según los últimos estudios realiados en el año 2008, en España, la Custodia de los pequeños en los casos de Separación o Divorcio, es atribuida por las Sentencias Judiciales, aproximadamente en un 90% de los casos a la madre, otro 5% de los supuestos al progenitor varón, y aproximadamente, el 5% restante, mediante Custodia Compartida.

Si no se ha establecido una Custodia Compartida, el padre, tendrá que conformarse con comunicarse con su hijo las escasas veces que le haya señalado el Jue o lo que haya podido pactar en su Convenio Regulador.

Cuando la crisis matrimonial que ha desembocado en ruptura no ha producido unas gravísimas tensiones o los cónyuges han sabido manejar su situación de manera afortunada y con equilibrio, suelen llegar a pactos en que, con independencia de sus intereses privativos, dan las soluciones más beneficiosas para los menores.

En dichas situaciones, éstos son los protagonistas, que, en definitiva, sufrirán las consecuencias del desencuentro de sus padres, sin tener ninguna responsabilidad.

Pero el devenir diario de la práctica matrimonial, nos presenta situaciones opuestas y completamente límite en las cuales, uno de los cónyuges, generalmente la madre, y por raones diversas que no vamos a pasar a exponer, no desea que sus hijos, ejeran la comunicación necesaria con su padre.

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Consideran al mismo, como el enemigo, adversario o antagonista y se olvidan por completo de los derechos del niño, ocasionándole, por tanto, un gran perjuicio, ya que le privan de uno de sus derechos fundamentales como es el contacto emocional con su padre.

En las situaciones más exacerbadas, hay madres que han acumulado un conjunto de sentimientos negativos hacia el padre, que desembocan en un odio visceral hacia el mismo sin retorno.

Estas situaciones, en ocasiones, cristalian por ejemplo en paranoias o en conductas ansioso-depresivas, que en determinados supuestos, requieren pequeños o grandes tratamientos psiquiátricos.

El problema fundamental no es si la madre ha contraído una depresión post-divorcio, que es muy frecuente, y que también puede afectar al hombre, sino, que si la misma, utilia al niño, inculcándole el odio contra su padre, obstaculia las visitas, impide la comunicación, prohíbe los regalos y en definitiva, lo aparta de su progenitor.

Estas situaciones en las que se maneja y programa negativamente al pequeño, constituyen, en definitiva, una forma de maltrato infantil, y de violencia emocional ejercida sobre el niño, que repercutirá en el mismo, una ve que sea adulto.

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¿Qué soluciones o alternativas tiene el progenitor no custodio ante un cuadro de estas dimensiones?

Veamos un supuesto típico:

La madre ha entorpecido por todos los medios la comunicación del pequeño con su padre, mediante: denuncias falsas por abusos sexuales, no cumple con las Sentencias Judiciales, se resiste y pone todo tipo de impedimentos a que se cumpla el derecho de visitas del padre con su hijo y ha sido sancionada judicialmente por dichos incumplimientos.

La única salida que le quedará al padre, será la de solicitar un cambio en la Custodia del menor, antes de que el problema se agrave más y perjudique de forma irreversible al niño.

¿Qué requisitos se le exigirán al padre para pedir un cambio de Custodia?

• Que acredite la incapacidad para la Custodia de la madre, y por tanto se demuestre que con su actitud, la misma, es perjudicial para el pequeño, acreditándose de esta forma, que no es idónea para ostentar la Custodia, que causa daño al menor y que convierte al niño en una víctima al privarle del contacto, relación y enriquecimiento emocional con su progenitor.

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• El padre, deberá acreditar que está capacitado, y por tanto es idóneo para obtener la Custodia.

• Que dicho cambio de Custodia, se considere como beneficioso para el menor, por tanto, que la situación que se obtiene sea más favorable que la que se tenía anteriormente, que se considera como perjudicial.

No debemos olvidar que todas estas decisiones giran en torno al Principio Constitucional de Interés de los Hijos, que tiene como finalidad fundamental, la protección integral de los menores, esencia última, que siempre deben tener en cuenta ambos padres, por encima de sus disensiones.

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