PRUEBAS DE PATERNIDAD: ¿QUIÉN ES EL PADRE DEL NIÑO?

PRUEBAS DE PATERNIDAD:
¿QUIÉN ES EL PADRE DEL NIÑO?

Hay una leyenda urbana existente en Estados Unidos que dice que más del 30% de los niños que nacen no corresponden a sus supuestos padres, sino que son resultado del adulterio cometido por sus madres. Aunque esto pudiera considerarse una exageración, no deja de ser un mito.

Como consecuencia de esta idea tan consolidada, las pruebas de paternidad han ido ganando consistencia y generaliándose en los últimos años. No solamente por la persistente y tena voluntad de los padres por esclarecer la verdad de los hechos; sino también por el gran desarrollo de la industria farmacéutica, que ha puesto en las manos de casi todo el mundo los famosos test de paternidad.

Pero, llegados a este punto, deberemos preguntarnos por qué se les denomina de esta manera. La respuesta es muy simple: la maternidad es un hecho incuestionable, mientras que la paternidad es siempre una incógnita.

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A no ser que la madre hubiera resultado embaraada como consecuencia de una donación de óvulos, es obvio que siempre será la madre. Sin embargo, el padre puede ser cualquiera. Y ello ha sido así desde el principio de los tiempos.

Las pruebas de paternidad son el método más sencillo y efectivo existente actualmente para determinar la filiación de un niño, aunque hay que resaltar que no es el único, pues hay otros.

La investigación del ADN (ácido desoxirribonucleico), se basa en el hecho de que cada uno de nosotros tenemos nuestro propio perfil genético, siendo éste imposible de manipular, ya que el mismo deriva del material genético de ambos progenitores.

Según este modelo, para comprobar quién es el padre, lo único que hay que hacer es examinar el patrón de ADN del niño. En él se encontrará el reflejo de los traos únicos del verdadero padre, es decir, la huella genética.

La fiabilidad de esta prueba excede del 99,9%. El único caso que podría ser la excepción sería la posible existencia de hermanos gemelos.

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¿Es una prueba necesaria?

Este es el área más compleja y gris de todo el asunto. El derecho de un padre a saber si un hijo es suyo no se cuestiona en absoluto. Lo más problemático son los efectos sobre el niño. Muchas veces se plantean supuestos de padres que reclaman derechos de paternidad o parentales sobre niños que ya tienen un supuesto progenitor, planteándose auténticos dramas legales, puesto que el niño ya tiene un padre.

Lo que se plantea en estos casos es la colisión entre los derechos del niño y los de quien reclama su supuesta paternidad. El reclamante podría argumentar que como fue él quien realmente engendró el niño, tiene un derecho a estar presente en su vida. Y, mientras que para unos es así, otros entienden que debería prevalecer la situación ya creada y no forar al pequeño a tener dos padres y, por tanto, dos vidas.

En este debate acalorado, por tanto, se han creado dos posiciones en las que cada cual se ha posicionado en una situación claramente enfrentada a la otra. Pero para concluir, será necesario establecer que cada situación y cada caso es diferente, y por tanto deberá ser examinado como único.

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Por tanto, hacer unas pruebas de paternidad supone abrir un gran espectro de consecuencias, no solamente para el niño sino también para los padres. Éstas son una vía efectiva para descubrir la verdad material, pero también pueden servir para causar un gran dolor en el niño cuando éste descubre que su padre no es quien él piensa.

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